Els abusos contra la gent gran

05.09.09

Los abusos contra mayores crecen a medida que se deshacen los vínculos familiares

A partir de los 75 años es cuando se registran más casos de malos tratos  |  La soledad y la falta de asistencia favorece la aparición de falsos cuidadores

La Vanguardia JAVIER RICOU  | Lleida | 04/09/2009 |

Santiago era un prisionero de su vejez. Con 83 años y sin parientes cercanos a los que recurrir, este anciano entregó su vida a una mujer desconocida que se ofreció a cuidarle. Él parecía dispuesto a darlo todo a cambio de muy poco. Pero su cuidadora, Mari Carmen M.G., de 57 años, no tenía el don de la generosidad. La mujer fue detenida el pasado fin de semana en Cambrils, después de dejar atado a Santiago en el asiento trasero de un coche para ir a comer con un conocido. El hombre, que sólo llevaba puestos unos pañales, quedó indefenso como un bebé.

Vuelta a casa por el dinero de una ley

No hay cifras, pero sí empiezan a oírse testimonios por toda España. La ley de Dependencia, que dignifica la figura del cuidador y la remunera, ha devuelto a casa a algunos ancianos que llevaban meses o años en residencias. Lo dice Juan Manuel Espinosa, coordinador del Grupo de Atención al Mayor de Semfyc. “En los últimos encuentros y jornadas en las que he participado empiezan a oírse testimonios de profesionales que dicen conocer casos concretos”, revela. Y eso, en su opinión, no deja de ser un “abuso económico”. Este gerontólogo da por hecho que el interés de la persona que vuelve a cobijar bajo el techo familiar a un anciano que tiempo atrás llevó a una residencia “es puramente económico”. Por eso alerta de esta situación y lanza una advertencia a las autoridades que gestionan esta ley.



La historia de Santiago, aquejado de alzheimer y al que su cuidadora solía ya atar al balcón de su casa cuando lo dejaba solo, no es excepcional. Diferentes estudios apuntan que un 5% de personas mayores de 65 años –el 21% de la población de Catalunya supera esa edad– sufre malos tratos en su entorno.

El perfil de Santiago encaja –salvo en el sexo, pues las mujeres son las que más violencia padecen– con el patrón que se repite en los casos de malos tratos padecidos por la gente mayor. Prácticamente ninguno de esos episodios, recogen algunos estudios, lega a denunciarse ni a conocerse. La historia de Santiago iba camino de correr esa misma suerte, de no ser por la colaboración de unos taxistas. Fueron los que dieron la voz de alarma al descubrir al anciano atado con los brazos en cruz en el coche, con claros síntomas de deshidratación por el calor. Una semana antes, vecinos de la calle Tallada de Lleida, donde vivía el anciano con su cuidadora, ya habían denunciado que el hombre solía pasar muchas horas atado en el balcón de su vivienda. Acudió la policía, pero incomprensiblemente nadie parece que diera después un paso –al menos con la urgencia requerida– para indagar en las condiciones de vida de Santiago.

A partir de los 75 años es cuando se registran más casos de malos tratos, y las víctimas suelen padecer aislamiento social, deterioro cognitivo y total dependencia a otras personas para sobrevivir al día a día. La terrible situación de Santiago ha vuelto a destapar, además, la existencia de personas que sin ningún conocimiento en geriatría se ofrecen a cuidar a ancianos a cambio de una remuneración económica. Algunos buscan a ancianos y ancianas sin vínculos familiares, y se aprovechan de su situación de aislamiento y soledad. Ese parece ser que era la principal ocupación de Mari Carmen. Pero la habilidad de esta mujer radicaría, más que en conocimientos de cómo hay que cuidar a un anciano, en urdir planes para arrebatar a sus clientes lo poco que tienen. Al menos así aseguran desde el Ayuntamiento de Mont-roig del Camp, que estudia personarse como acusador particular en la causa abierta contra esta vecina de Lleida, muy conocida en la población de Tarragona por haberse ganado la confianza allí de otros ancianos para que la dejaran entrar en sus casas con la excusa de cuidarlos.

¿Qué puede hacer la Administración para ayudar a estos prisioneros de la vejez? En la Conselleria de Acció Social i Ciutadania se asegura que este no es un problema exclusivo de los servicios sociales. Carme Porta, secretaria de Políticas Familiares y Derechos de la Ciudadanía, apuesta por una mayor coordinación de los diferentes estamentos públicos como la mejor arma para detectar a tiempo los malos tratos. La Generalitat está trabajando ahora mismo en la elaboración de un protocolo de coordinación y actuaciones para atajar este tipo de violencia, que tanto puede ser física como psicológica. Poner cifras a estos abusos resulta complicado por la falta de estudios al respecto. Y es que estos malos tratos infligidos a las personas mayores han pasado inadvertidos en una sociedad, que hasta hace muy pocos años –afirma Carme Porta–, “veía la mayoría de estos episodios como algo casi normal”. Son esos malos tratos que Juan Manuel Espinosa, médico y coordinador del Grupo de Atención al Mayor de Semfyc, incluye en el apartado de las negligencias. “Es el dejar de hacer”, precisa Espinosa. Ahí entrarían comportamientos como el de prolongar el tiempo en el aseo del anciano, alterarle la dieta, suministrarle más fármacos de los recomendados para tenerlo tranquilo o no sacarlo de paseo.

Lo más duro, como parece que ocurrió en el caso de Santiago, es la indefensión de las víctimas para escapar de ese infierno. “Esta es una violencia muy difícil de atajar –reconoce Carme Porta– y más en una sociedad donde la abuela y el abuelo están perdiendo esa postura de centralidad dentro de la familia y también la autoridad”. Ahí coincide con Juan Manuel Espinosa, que augura un incremento de abusos y malos tratos entre las nuevas generaciones de ancianos por la pérdida de vínculos con el seno familiar. Esa soledad y falta de apoyo es la que favorece la proliferación de desaprensivos que han encontrado en esas personas necesitadas de cuidados una fuente económica. Y lo triste es que sólo un 0,2% de las personas mayores se atreven a dar el paso para denunciar los abusos, asegura Espinosa. “Están tan desamparados y se sienten tan solos que prefieren soportar los malos tratos antes que denunciar a sus cuidadores. Temen que si estos son apartados de su lado la situación aún será peor”, añade este médico.

La nota positiva de esta realidad es que en los últimos esa violencia padecida por la gente mayor ha empezado a hacerse visible entre la sociedad y cada día se organizan más congresos y jornadas para buscar soluciones al problema. El proceso es idéntico al vivido con la violencia machista o los abusos con menores.

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